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Cultura

Así fue crecer durante el apartheid

Hablamos con una afrikaner que se crió en los estertores del apartheid.

por Enrique Campos
02 Mayo 2016, 3:00pm

"Solo para blancos". Todas las fotografías por Javier Mellado

Magda de Jager nació en Pretoria, Sudáfrica, en 1980. Es hija, nieta y bisnieta de afrikaners holandeses. Pertenece a la última generación de blancos sudafricanos que vivieron el apartheid, el régimen de segregación racial implantado por el Partido Nacionalista en 1947 al grito de "El hombre blanco debe siempre ser el amo".

Cuando me contó su historia entendí que el testimonio de Magda encerraba lo que nunca se cuenta, o lo que nunca se quiere contar. Las preguntas que, en estos casos, nadie suele hacerse: ¿Y si te amamanta un sistema cruel e injusto y creces en el convencimiento de que ese es el único sistema posible? ¿Y si el sistema cruel e injusto es la más pura cotidianidad?

A Magda la criaron en un país aislado y repudiado por la comunidad internacional donde se creía que Sixto "Sugar Man" Rodríguez era una estrella mundial del folk y no un músico fracasado que andaba poniendo ladrillos con las botas hundidas en la nieve de Detroit. En el fondo, todos tenemos o hemos tenido algo de Magda.

VICE: Cuando recuerdas tu infancia, ¿detectas algo fuera de lo común? ¿Tenías la impresión de que algo estaba mal?
Magda: No... Las cosas que no conoces, no las conoces. No sabes que suceden. Sobre todo cuando estás creciendo. Ves cosas a tu alrededor pero las aceptas como normales. Tuve una infancia bastante feliz, mi madre no trabajaba cuando estábamos en el colegio, teníamos una asistenta, una mujer negra –que todavía trabaja para mi madre, tiene unos 70 años— y la veíamos un par de veces a la semana. Mi vida era eso: iba al colegio, pasábamos tiempo en la granja de mi padre, de donde era su familia... Así que no, no creo que pensara en ningún momento que había nada raro. Las cosas eran así y ya está.

¿Cómo se los educaba, tanto dentro de la familia como en el colegio, para que crecieran convencidos de que los blancos y los negros no tenían los mismos derechos?
Nadie nunca me dijo eso. Nadie me lo dijo con esas palabras. Es más bien lo que te he comentado, observar lo que pasa a tu alrededor. Por ejemplo, unos trabajos eran para gente de raza blanca y otros eran para de raza negra, más o menos de la misma manera que unos trabajos eran para chicas y otros para chicos. Entonces, la gente que limpiaba en las casas, o los jardineros, eran negros. En el colegio los profesores eran blancos y la gente de mantenimiento era negra...

Nunca me planteé cómo o qué era Sudáfrica antes

Y eso no te extrañaba ni te parecía raro.
No, no me parecía raro. Para mí era como cuando las chicas estudiaban mecanografía y los chicos carpintería. No era algo de lo que te concienciaran expresamente, y desde luego no tengo recuerdos de nadie portándose mal con nadie. Eso era lo que te rodeaba y asumías que la vida era así.

Esa separación de facto también se afectaba a los vecindarios, claro.
Por supuesto. Nosotros vivíamos en un vecindario de blancos, todos mis vecinos eran blancos. Pero en todas las casas trabajaban negros, algunos incluso vivían con los blancos.

¿Te refieres a una persona interna? ¿Una criada?
Sí, hablo de las criadas. Pero tenían habitaciones separadas del resto de la casa, a lo mejor vivían en una casita en el jardín. Yo recuerdo que las criadas en Sudáfrica eran como de la familia. Si tu madre trabajaba fuera de casa era la criada quien te llevaba al colegio, quien te hacía la comida, la cena. Se ocupaban de los niños, los criaban. Entraban dentro del seguro médico familiar, incluso.

¿Qué sentías cuando veías a una persona de raza negra?
No sé cómo responder a eso... No sé... Los veía como gente normal. Para mí eran normales. Es difícil de explicar... No había grandes sentimientos de por medio, ni para bien ni para mal. Puedo hablarte de las diferencias que observaba. Los que descendíamos de europeos íbamos en coche y teníamos nuestras propias casas, y los que descendían de africanos siempre iban andando o en autobús, y vivían muy lejos. Esta mujer que trabajaba para mi madre vivía a casi dos horas de nuestra casa.

¿Dos horas andando?
Tiene que andar un buen trecho, después coger el autobús, andar un poco más...

¿Qué decían los libros de texto? Los de historia. Según esos libros, ¿qué era o quién vivía en Sudáfrica antes de que los afrikaners llegaran al poder?
Es una pregunta muy interesante, pero la verdad es que no se detenían demasiado a contar lo que era África, o Sudáfrica, antes de que llegaran los europeos. Nos centrábamos en la época en la que Sudáfrica fue "descubierta" por Vasco de Gama, y después cuando Jan van Riebeeck se estableció en lo que más tarde sería Ciudad del Cabo. Cómo los afrikaners se desarrollaron y colonizaron la zona. Esa era la historia que estudiábamos, y podíamos estar un año entero estudiando las batallas que se sucedieron, por ejemplo.

La verdad es que nunca me planteé cómo o qué era Sudáfrica antes. Pero ahora que lo pienso, creo que sí que estudiamos un poco de historia africana, aunque seguro que cualquier africano negro discreparía de lo que nos contaban. Nos hablaban de algunas tribus, de qué lugares habitaban, a qué se dedicaban, si eran granjeros o pescadores...

"El hombre blanco debe ser siempre el amo". Ese era el lema del Partido Nacional Afrikaner en 1948. ¿Habías oído ese lema?
No, en mi vida había oído ese lema. Jamás. Mi familia no estaba demasiado pendiente de los temas políticos. Era gente normal, por decirlo de alguna manera, que se creía lo que decían los periódicos, que por supuesto estaban controlados por el gobierno. Vivían su vida y no se preocupaban de nada más, ni siquiera de lo que pasaba en la ciudad de al lado.

Sé que se produjeron todas aquellas atrocidades, pero no sabía nada de eso entonces.

Por ejemplo, había libros que estaban prohibidos, música prohibida, y como eran cosas prohibidas mis padres preferían no pensar en ello siquiera. No eran rebeldes ni trataban de conseguir esas cosas de estraperlo, como otra gente hacía. Su actitud era: si está prohibido, no quiero saber nada de eso.

¿Te constaba que hubiera movimientos negros defendiendo los derechos de la gente de raza negra?
A mí no me constaba. Ahora sé, después de leer mucho, después de profundizar en la historia del apartheid desde el punto de vista de los negros, de todos los movimientos que hubo, sé que se produjeron todas aquellas atrocidades, pero no sabía nada de eso entonces. No vi nada de eso. Nunca vi a nadie maltratar a un negro en mitad de la calle.

Lo peor que recuerdo que solía hacer mi madre, y me hace sentir muy mal ahora, aunque para ella era lo normal, era la forma que tenía de hablarle a la criada. Usaba un tono como si le estuviera hablando a alguien de cuatro años. Ahora me parece insultante e intolerable, pero cuando era una niña... Era lo único que conocía. La criada no hablaba muy bien el afrikáans así que mi madre utilizaba palabras sueltas, en otros idiomas, para comunicarse con ella.

No presenciaste esas protestas ni esas atrocidades porque vivías en una zona de blancos, sobra decirlo.
Claro, y mi colegio era para niños blancos. Así que no formé parte de ningún tipo de movimiento, ni presencié protestas. Esas cosas no sucedían donde yo vivía, así que simplemente "no sucedían"...

¿Y hay alguna figura histórica, algún blanco, que defendiera a los negros, alguien que luchara contra lo establecido?
Claro que hubo algunos. Sólo tienes que ver el proceso de Rivonia, donde se juzgó a Nelson Mandela. Los que lo defendieron eran afrikaners. Son cosas que sé ahora. Tampoco sabía nada de eso cuando era niña, pero desde luego hubo afrikaners abogando por los derechos de la gente de raza negra, aunque los blancos que se involucraban en estas causas solían ser británicos o judíos.

¿Había diferencias entre los descendientes de holandeses y los británicos?
Sí, eran muy diferentes.

Háblame de esas diferencias. ¿Diferencias de estatus social? ¿Unos eran más ricos que otros?
No era necesariamente una diferencia de clases, pero eran dos culturas muy diferentes. Nuestros vecinos eran ingleses e iban a un colegio inglés, hablaban en inglés. Culturalmente eran muy distintos de nosotros los holandeses.

¿Ves similitudes entre el apartheid y la esclavitud en Estados Unidos?
Es que yo no pensaba en términos de segregación.

Probablemente un niño blanco de Georgia en 1840 tampoco...
Puede. Había cierto de tipo de gente que se ocupaba de cierto tipo de trabajos, como te he dicho. Y eran negros. Que ahora puede parecerme absurdo, pero entonces era perfectamente normal. Lo natural.

Lo peor que recuerdo que solía hacer mi madre, y me hace sentir muy mal ahora, era la forma que tenía de hablarle a la criada. Usaba un tono como si le estuviera hablando a alguien de cuatro años.

Creces en la época en la que el apartheid tiene sus días contados, Sudáfrica estaba aislada internacionalmente, había bloqueos, embargos. ¿Cómo recuerdas aquellos días? ¿A tu familia le seguía yendo bien?
Como yo no sabía nada de eso, no sabía nada de bloqueos ni de sanciones, no era algo que me afectara. Pero hace poco leí un artículo en el que se cuestionaba si este tipo de sanciones funcionan de verdad, y en el caso de Sudáfrica definitivamente no funcionaron.

¿Por qué no?
El bloqueo trajo consigo una especie de revolución industrial, gracias a esos bloqueos Sudáfrica se dedicó a la innovación, se construyeron plantas nucleares, aprendimos a obtener combustible derivado de las minas de carbón. Y todo nuestro armamento, nuestros tanques, nuestros helicópteros, fueron de diseño propio, porque nadie nos vendía nada.

Aun así, en muchas zonas la situación debía de ser muy tensa. ¿Era peligroso para los blancos?
Cuando era niña, podía serlo, pero mucho menos de lo que lo es ahora, si te digo la verdad. Ahora los índices de criminalidad en Sudáfrica están por las nubes, pero hay que achacarlo a la pobreza. Hay muchísima gente en la miseria. Pero en aquel entonces había más seguridad. Los niños podíamos andar en bicicleta por ahí, jugábamos en la calle... Aunque cuando anochecía era obligatorio estar en casa.

[La seguridad] era consecuencia de un sistema represivo.

Entonces, ¿dirías que "gracias" al apartheid había menos delincuencia?
No te puedo responder a eso... Porque no era gracias al apartheid... Quiero decir, ha sucedido lo mismo en todos los países del mundo. Si les preguntas a tus padres o a tus abuelos te dirán que en su juventud todo estaba mucho mejor, que podían ir a la playa, viajar sin problemas por carretera...

Bueno, en tiempos de mis abuelos lo que había era una guerra civil. Poca playa...
(Se ríe). Vale, pero ya me entiendes. No se pueden comparar ciertas situaciones, pero creo que sabes a lo que me refiero. Seguro que aquí, durante la dictadura, todo era más "seguro" entre comillas. Pero no podemos decir que fuera "gracias" a la dictadura. Era consecuencia de un sistema represivo.

Hablemos de Madiba. En los años 70, en los 80, Mandela se convirtió en un icono mundial, un símbolo. ¿Qué les decían sobre él? ¿Cómo lo pintaban?
Como mis padres no se metían en política, no era algo de lo que habláramos. Así que no recuerdo ni una sola conversación sobre Mandela. Pero si hubiéramos hablado del tema, porque había familias en las que sí se hablaba, me habrían contado que era un terrorista que intentaba desestabilizar o derrocar al gobierno.

Es lo que intentaban, de hecho. Tenían sus motivos...
Sí, pero para el gobierno eran terroristas. Ahora sé que Mandela y los suyos empezaron siendo bastante pacíficos pero con el tiempo comenzaron a planear ataques. Ponían bombas en estaciones eléctricas, en comisarías de policía. Era una resistencia armada. Recuerdo que cuando estaba en el colegio hablábamos mucho de la amenaza terrorista, y en las paredes había pósters que te enseñaban cómo era una mina explosiva, para que pudieras reconocerla y pedir ayuda. Eran cosas que estaban pasando y querían advertirnos y mantenernos alerta.

¿Cuando lo liberaron se percibió como una amenaza para su estilo de vida?
No, la verdad es que no. Te hablo de mí. Cuando lo liberaron yo tenía diez u once años, y fue todo un acontecimiento, pero a mis padres les dio un poco igual. No les preocupaba. Por supuesto que el cambio era inminente, pero era algo que venía de antes de que liberaran a Mandela. Antes de eso ya había cambiado el gobierno, había un tripartito con blancos, hindúes y gente de otras razas —aunque todavía no había negros—, y era algo que habíamos ido viviendo, algo que estaba ya ahí. Y nadie puede escapar de ese tipo de cambios.

Pero esos cambios podían revertir el statu quo. Algo de preocupación habría.
No lo sé... Siempre que hay cambios de este tipo hay preocupación pero, para serte sincera, nuestras vidas seguían igual. No nos afectó. Mira, muchos años después, cuando la democracia estaba ya bien establecida, mi padre me dijo: "Mi vida no ha cambiado en absoluto".

Aun así me contaste que el vecindario donde vivió tu abuela, que era un vecindario de blancos, ahora se ha convertido en un vecindario de negros. ¿Qué pasó?
No es algo tan raro. Es una redistribución del territorio. En cuanto empieza a llegar mucha gente que antes vivía en zonas rurales hay barrios que acaban siendo de mayoría negra, porque el 80 por ciento de los sudafricanos son negros. Ahora puedes pasear por barrios que antes eran exclusivamente blancos y cruzarte con muchos negros, pero quizá sean negros muy ricos. Eso no lo sabes. La zona donde vivía mi abuela y donde creció mi madre era bastante pobre, y ahora sólo vive gente de raza negra.

Cuando el apartheid se viene abajo y Mandela se convierte en presidente, ¿cuáles fueron tus mayores temores?
Fue el año en que empecé el instituto, así que todo estaba cambiando. Para mí. (Se ríe). Fue una época interesante, pero no creo que estuviera atemorizada. Se hablaba mucho en las calles, había gente que acumulaba comida, suministros...

Como si estuviera a punto de llegar un holocausto nuclear...
Exactamente. (Risas). Ahora lo piensas y era ridículo. ¿Qué creían que iba a pasar?

¿Recuerdas las primeras elecciones que ganó Mandela?
Las elecciones fueron el 27 de abril (de 1994) y quizá yo estuviera de vacaciones... No estoy segura. Yo lo viví con expectación, y mis padres... No diría que estaban asustados, era más bien el miedo ante lo desconocido. Nadie sabía qué podía pasar. Y al final fue una experiencia increíble. Si escuchas las historias, ves los documentales, las fotos de aquel día, son increíbles. La gente hacía cola durante seis, siete horas para votar. Fueron momentos de alegría, de subidón. Yo fui con mi madre al colegio electoral y había una auténtica masa de gente. Todo era pacífico, no había malas vibraciones, la gente estaba emocionada.

Me has contado que hay en ti, y en la gente de tu generación, un cierto sentimiento de culpa, como si tuvierais que pagar por los pecados de tus mayores.
Es como me siento ahora. Es decir, cuando vivía en Sudáfrica no era un sentimiento tan fuerte, ni siquiera cuando llegué aquí, al Reino Unido, donde vivo ahora. De hecho, era al revés. Había un grupo que tenía una canción que se titulaba "I will not say sorry any longer" ("No voy volver a pedir más perdón"), y eso era lo que sentíamos. No habíamos hecho nada malo, fuimos hijos del apartheid, nosotros no provocamos aquello. ¿Por qué teníamos que seguir pidiendo perdón? ¿Por qué teníamos que torturarnos? ¿Por qué teníamos que ser nosotros los que pagásemos por los errores de nuestros padres y nuestros abuelos?

Me es muy difícil hablar de esto con mis padres, aunque mi visión de todo aquello haya cambiado radicalmente.

Pero en los últimos dos años más o menos, a medida que he ido leyendo más sobre el Movimiento de Conciencia Negra, sobre gente que estuvo dentro de ese movimiento y lo que les pasó a ellos y a sus familias, hay una parte de mí que me dice: pues a lo mejor tenemos que seguir pidiendo perdón. Porque creo que la mayoría de los afrikaners no conocen estas historias...

En Alemania hubo toda una generación, los que eran muy pequeños durante la Segunda Guerra Mundial, o los que nacieron alrededor del 45, que no supo nada del Holocausto hasta casi los años 60. No habían oído hablar de Auschwitz...
Es algo parecido. En televisión se pudo ver la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, pero no sé si la gente se creyó de verdad lo que se contó ahí. Hablo de los blancos. Como mucho piensan que fueron actos puntuales, no algo sistemático. Así que sí... Hay días... Hay una parte de mí que cree que sí que debemos pedir perdón.

¿Cómo es ahora volver a Sudáfrica? ¿Hablas con tu familia de esto? De las cosas que tú sabes y ellos no.
La respuesta corta es no. Es muy complicado hablar con ellos de todo esto. Es como ellos han vivido, y ya sé que te he dicho esto veinte veces... Pero es así. De todas formas, no nos vemos demasiado, y cuando voy a Sudáfrica hay muchas otras cosas de las que hablar. Jamás nos metemos a discutir de política. Y si empiezo a hacerlo ahora, no sé cómo acabaríamos... Me es muy difícil hablar de esto con mis padres, aunque mi visión de todo aquello haya cambiado radicalmente.

Hace años alguien hacía según qué chiste y todos nos reíamos, ahora muchas de esas cosas me molestan profundamente, les llamo la atención, les pido que no usen tal palabra delante de mí. No sé si lo respetan o si piensan que soy un bicho raro con ínfulas, o una listilla. No lo sé.

Es obvio que tu mentalidad ha cambiado para siempre. ¿Y la de tus mayores?
No hay una respuesta corta para eso. Los tiempos han cambiado, las cosas son diferentes, ahora hay mucha más integración en los lugares de trabajo. Yo trabajaba para una empresa muy grande en Johannesburgo y había de todo: blancos, hindúes, negros. Y trabajábamos juntos. Eso no hubiera sido posible hace 20 años. ¿Cambia eso la mentalidad de la gente? No lo sé. Mi abuela, que en paz descanse, era consciente de que las cosas habían cambiado, pero no sé si se hubiera hecho amiga de una mujer negra.

¿En Londres notas rechazo, prejuicios, entre la gente negra cuando les dices que eres de Sudáfrica?
No. Si te soy sincera, precisamente no noto eso en la gente negra. La gente negra que hay aquí son extranjeros, vienen de otros países, como yo, y creo que compartimos una visión del mundo parecida. Estamos en una ciudad que es muy diferente del sitio donde crecimos. Me he encontrado con prejuicios entre los británicos, de hecho. Gente que ha viajado poco, que probablemente no haya salido de Inglaterra. Cuando les digo que soy de Sudáfrica veo en sus caras ese: "Oh, vaya, siento mucho lo del apartheid". (Risas). Cuando llegué aquí flipaba con esas reacciones. ¿Es lo único que saben de Sudáfrica? ¿Lo único que conocen? ¿Porque soy blanca y vengo de Sudáfrica debo de haber instigado de alguna manera el apartheid?

He llegado a recelar de contarle a la gente que soy de Sudáfrica, porque estoy harta de ese tipo de reacciones. Y eso no te lo dice ningún africano negro, ninguno me ha hablado así. Con gente que viene de Nigeria, Kenia, o la propia Sudáfrica, es más como "mira, ahí está la hermana africana". Les alegra encontrarse con alguien de su tierra. Como a mí.

¿Hay hipocresía a la hora de juzgar el apartheid?
Hay mucha hipocresía y especialmente por parte de los Estados Unidos. Recuerdo que hace años llegaban muchas noticias relacionadas con la frontera mexicana. Había patrullas de policía que disparaban a la gente que intentaba cruzar la frontera. Y yo pensaba: ¿cómo es esto? ¿Disparamos a los mexicanos para que no entren en Estados Unidos pero nos indigna el apartheid? Los americanos tienen bastante con lo que tienen.

Creo que deberían preocuparse primero de lo que ellos hacen y provocan. Y también veo esa hipocresía con la crisis de los refugiados. Hacen colectas, dan dinero. Esto sobre todo es muy propio de los británicos: vamos a darles pasta pero que se queden lejos.

La vieja mentalidad imperialista.
Sí, es su forma de ser.

De todas formas, aunque el apartheid cayera, la supremacía blanca en Sudáfrica permanece. He visto fotos de algunas casas, casas de gente blanca, que tienen alambres de espino en los muros. ¿Para protegerse de quién?
Pero esto ya no tiene que ver con la supremacía blanca sino con la pobreza. Y hasta que no vas a África no sabes lo que es la verdadera pobreza. No les importa matar a alguien por un reloj o un iPhone, no tienen nada que perder, la vida para ellos no vale nada. Es más, si les cogen y les meten en la cárcel sería estupendo porque en la cárcel les dan tres comidas al día y un techo, que es algo que no tienen. Entonces, lo de los alambres de espino tiene que ver con la criminalidad, la pobreza y las desigualdades entre ricos y pobres.

En Sudáfrica hay clase media, pero la diferencia entre los más pobres y los más ricos es inmensa. También hay muchísima corrupción y nepotismo. Así que incluso la gente de clase media, da igual si son blancos, negros o hindúes, ponen esos alambres en sus casas, o vallas electrificadas, porque tienen mucho más dinero que la mayoría de los sudafricanos.

Hay incluso patrullas ciudadanas.
Sí, no van armados, o no siempre van armados, pero hay ese tipo de patrullas.

¿Volverías a vivir a Sudáfrica? ¿A crear una familia allí?
Por ahora no entra en mis planes pero no tiene nada que ver con el país, ni con la situación política. Me gusta Londres, mi novio es español. No descartaría volver. Es un país muy hermoso. Me encantaría criar a mis hijos en un sitio donde pudieran correr por ahí descalzos y llenarse de barro, y de eso hay mucho en Sudáfrica, pero al mismo tiempo Europa me encanta y también me gustaría ofrecerles a mis hijos todo lo que aquí tenemos. Así que... No lo sé. ¡A lo mejor algún día!

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