Las adolescentes españolas se drogan en la farmacia

Analizamos las diferencias de género en el consumo de drogas.

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may. 30 2018, 4:00am

Desde que el año pasado presencié cómo una chica de 16 años le regalaba una benzodiacepina (un tipo de hipnosedante, un clonazepam, concretamente) a mi amigo cinco años mayor que ella en el botellón de la feria de mi pueblo, me di cuenta de que no estaba tan enterado sobre cómo funciona el mundo de las drogas en la adolescencia actual.

Desgraciadamente, esa imagen suele ser a la inversa. Quizás sea porque ahora todo está más globalizado, la revolución feminista es inminente, puede que sea el trap y la muerte de Lil Peep, o que las farmacéuticas están abriendo mercados, pero si a todo este mundo de consumo de drogas y adolescentes le sumamos la perspectiva de género y las diferencias que se establecen entre chicos y chicas, el tema se vuelve tan interesante como complejo.


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Después de llegar a Madrid y estudiar psicología empecé como voluntario en un proyecto llamado Acción Botellón, donde actualmente trabajo, sobre prevención y reducción de riesgos en consumo de alcohol y otras sustancias con población joven, adolescentes en su mayoría, en espacios de ocio (botellones) de la ciudad de Madrid, además de colaborar desde entonces de forma voluntaria en el proyecto Energy Control, también de prevención y reducción de riesgos en sustancias.

Estoy cursando un máster en psicofarmacología y drogas de abuso y, con todo esto, he ganado experiencia en el campo y me he dado cuenta que no se tanto como creía, pero he conocido muchas historias de las vidas de los adolescentes de Madrid y me han surgido muchas preguntas sobre el tema.

Las adolescentes consumen más drogas legales que los chicos de su edad

La primera duda es si realmente hay un cambio en el consumo respecto a cuando yo era adolescente, como no soy el primero que hace esta pregunta, y está de moda lo de acumular datos e información de las personas, la Encuesta Sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2016-2017), en la que se recogen los datos en relación al consumo en una población de 35.369 estudiantes entre 14 y 18 años de centros públicos y privados, y que publica el Plan Nacional Sobre Drogas cada dos años, puede servir para dar una idea de cómo está la situación.

La diferencia en el inicio del consumo no es importante entre géneros, pero lo llamativo de todo esto es una predominancia del género femenino en el consumo de drogas legales (alcohol, tabaco e hipnosedantes) durante el último año, siendo el caso contrario en el caso de las sustancias ilegales, consumidas principalmente por chicos. Esto no es algo inminente, existía una tendencia a la igualdad del consumo en cuanto al género en los últimos años, pero ahora hay un aumento por parte del género femenino, y como cualquier hecho, tendrá una causa.

La media de edad de inicio en el consumo de benzodiacepinas es de 14 años, y lo consumen muchas más chicas que chicos

En los últimos 12 meses las sustancias consumidas por un mayor porcentaje de estudiantes, siguen siendo las de lícito comercio entre mayores de edad. Un 75% ha consumido alcohol, un 34,7% tabaco, y la primera sustancia ilegal, el cannabis, consta de un 26,3% entre la población que lo consume, y la siguiente droga, sorprendentemente (o quizás no tanto), son los hipnosedantes (con y sin receta), con un 11,6%.

Lo positivo es que la edad media de inicio en el consumo de alcohol y tabaco se retrasa hasta los 14 años por primera vez y desciende el consumo de alcohol. La media de edad de inicio en consumo de benzodiacepinas es de 13,7 años junto con una notable prevalencia del consumo por parte de las chicas (62,2%). Hay algunos cambios en los consumos pero prácticamente se mantienen como años anteriores.

Pero esto sólo son datos, así que aprovecho mis intervenciones del trabajo para preguntar sobre el tema a un grupo de chicas de entre 15 y 17 años durante unas fiestas de un barrio de la periferia de Madrid. Ellas me cuentan que no creen que haya diferencias, que en general chicas y chicos beben y fuman igual.

También dicen que ahora es más típico ver a chicas jóvenes más borrachas que a chicos jóvenes, o que llama más la atención. Aunque no creen que el género influye en la cantidad o forma de consumo, sí se refieren a que por ser chica hay situaciones en las que tienen que “tener cuidado”, como volver solas a casa, lo que demuestra que seguimos sobreprotegiendo a las chicas e ignorando el verdadero problema, el rol masculino.

"Sigue existiendo un doble estigma en el consumo de las mujeres, puesto que su rol sigue siendo el de cuidadora y sostenedora"

Aprovecho para preguntarle qué opina sobre el tema a mi colega María, tiene 20 años, estudia un doble grado en Derecho y Ciencias Políticas. Hace dos años pertenecía a esa población de estudiantes, por lo que le interesa el tema y considera “que no ha habido un cambio muy importante con respecto a las sustancias, la frecuencia y la edad a la que se consumían hace unos años. Sí que observo una diferencia de la forma de consumo en cuanto al género, ya no por lo que se consume, que también, si no por las etiquetas que se imponen a las adolescentes por consumir sustancias respecto a las impuestas a los chicos. Además de que esta diferencia no es beneficiosa, el hecho de adoptar conductas sociales masculinas creo que en este caso perjudica a la mujer”.

Me quedo con ganas de más, así que le comento a mi compañera de trabajo Irene, Educadora Social con máster en adicciones y mucha experiencia en este campo y la perspectiva de género, si ella cree que verdaderamente hay un cambio en el consumo, si el género afecta y si es beneficioso ese cambio. "El consumo de drogas no ha sufrido un cambio muy significativo respecto a mi etapa adolescente. Actualmente empieza antes pero las pautas de consumo y las sustancias que se consumen mayoritariamente son las mismas que cuando yo era adolescente", me cuenta Irene.

"Lo ideal es que el consumo hubiese sufrido una feminización, es decir, que el consumo se hubiese igualado a la baja, tendiendo al consumo femenino, y no a la alza como ha ocurrido"

“El hecho de que vivamos en una sociedad patriarcal influye de manera determinante en la diferenciación de roles entre hombres y mujeres, es por ello por lo que entre el consumo entre hombres y mujeres existen diferencias. Es cierto que estas diferencias se van suavizando pero la realidad es que socialmente sigue existiendo un doble estigma en el consumo de las mujeres, puesto que su rol sigue siendo el de cuidadora y sostenedora. Entiendo que este cambio en el consumo tiene una relación directa con la falsa percepción de igualdad en la que vivimos actualmente. No creo que sea beneficioso ya que lo ideal es que el consumo hubiese sufrido una feminización, es decir, que el consumo se hubiese igualado a la baja, tendiendo al consumo femenino, y no a la alza como ha ocurrido”. Estas explicaciones dan una idea de cómo es la dinámica social y de lo que hay detrás del consumo y la interiorización de los roles de género.

También decido comentarlo con una de mis maestras en el trabajo de calle Patri, psicóloga, con un máster en psicofarmacología y drogas, también en clínica, y amplia experiencia en la reducción de riesgos como voluntaria y trabajadora de Energy Control.

Ella tampoco ve un gran cambio respecto a su época, pero sobre el género tiene mucho que decir: “creo que era previsible que las mujeres igualasen el consumo de los hombres, incluso creo que en el ESTUDES de 2024 puede que se iguale el consumo de drogas ilegales también. El problema es que seguramente los padres seguirán sobreprotegiendo a sus hijas y dando más libertad a los hijos, sin prestar atención a que son ellos quienes potencialmente violan, y no las mujeres. Además, el tema del mayor consumo de drogas legales podría ser por la educación que se nos ha dado para ser más precavidas, el 'ten cuidado, no tomes nada raro, no vayas sola…' que te acaba condicionando y haciendo que tengas miedo, y añadiendo a esto la falsa sensación de seguridad de las drogas legales puede ser que a la hora de decidir el consumo, vean como más seguras este tipo de sustancias”.

"El problema es que seguramente los padres seguirán sobreprotegiendo a sus hijas y dando más libertad a los hijos, sin prestar atención a que son ellos quienes potencialmente violan"

Y añade: "Al final, beben como forma de sociabilizarse, desinhibirse y sobre todo, para olvidar, no hay que olvidar pueden tener muchos problemas y por eso el consumo de alcohol y de benzodiacepinas (con y sin receta) puede ser una vía de escape. Por último, lo que realmente considero que es un gran fallo es la falta de educación sexual en los hombres en general y en los jóvenes en particular, porque los medios de comunicación y la sociedad no ayudan a crear una imagen real, permitiendo patrones de abuso y agresión relacionados con el consumo y el consentimiento. La clave es interiorizar que cuando una persona está borracha, hay que protegerla, sea hombre o mujer, lo conozcas o no, no aprovecharte de ella, y eso no se suele ver en campañas de prevención, igual que tampoco se trabaja el control de la desinhibición dirigida a los adolescentes, ni las influencias culturales, ni las TICs, me molaría ver si la peña de 14 años suben fotos de sus botellones o un selfie con un Diazepam en la lengua a Instagram y cómo influye eso en sus vidas”.

El estigma social añadido en el caso de consumo de sustancias en las chicas, junto con la normalizada medicalización actual, condiciona que su desarrollo no sea normal y saludable

Parece ser que no son tan visibles los cambios en el género del consumo en general, aunque los fármacos (recetados o no), tienen su potencial peligro y no hay que ignorarlo. En cuanto al género la cosa está complicada, queda mucho trabajo y parece que es cuesta arriba, la sociedad cambia demasiado despacio en la construcción de nuevos roles de género, salir de la dicotomía o abolirlos, lo que proceda. Además, la complicación del estigma social añadido en el caso de consumo de sustancias en las chicas, junto con la normalizada medicalización actual, condiciona que su desarrollo no sea normal y saludable.

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